Cuando la ciudad se vuelve demasiado intensa, quienes pueden permitírselo buscan algo más que descanso: buscan un refugio. A una breve escapada desde la ciudad, descendiendo por las curvas que llevan al Tequendama o atravesando los paisajes abiertos hacia los valles de Cundinamarca, aparece un refugio de lujo y naturaleza: las celebraciones excl